Entrevistas

“¿Y si Belgrano volviera hoy? El prócer habla del país, la educación, la corrupción y el futuro que no llegó

Manuel Belgrano, creador de la bandera nacional, fue mucho más que un general en los campos de batalla. Pensador ilustrado, economista riguroso, defensor de la educación y pionero en hablar de los derechos de la mujer. En este reportaje imaginario, nos sentamos a conversar con él, hoy, en pleno 2025, para preguntarle qué piensa de la Argentina actual. Las respuestas, compuestas íntegramente a partir de sus escritos, discursos y frases documentadas, sorprenden por su vigencia, lucidez y crudeza.

Día de la Bandera: curiosidades sobre la vida y el pensamiento de Manuel  Belgrano | La Opinión Austral

—Manuel, ¿cómo ve usted la Argentina actual?
La encuentro herida, pero no vencida. Tiene cicatrices que duelen y una memoria frágil, pero también una fuerza latente que aún no aprendió a usar del todo. La patria está en la calle, en las aulas, en los oficios. No está en los discursos vacíos ni en los cargos que se reparten como botines. A veces me pregunto si no seguimos repitiendo los errores de la colonia, solo que con nuevos nombres y nuevas cadenas.


—¿Qué significa hoy la palabra Patria para usted?
No es un concepto romántico, ni una bandera que se agita los fines de semana patrios. Es una construcción diaria. Es cuidar al que trabaja, al que estudia, al que sueña con una casa digna. Es decidir que ningún argentino se salva solo. Y también es dolor: porque amar a la patria muchas veces duele. Pero duele más no amarla.


Manuel Belgrano líder revolucionario de nuestra Patria y creador de nuestra  Bandera Nacional - Olavarría Noticias

—¿Y qué es, entonces, la bandera?
La bandera no es un trapo que se iza mecánicamente. Es un símbolo que nos compromete. Cuando la diseñé, lo hice pensando en la libertad, no en el poder. Cada color tenía un sentido, una esperanza. El blanco por la pureza de nuestros ideales, el celeste por el cielo que nos cubre a todos. Verla flamear me recuerda todo lo que aún no hemos hecho.


—¿Tiene algún arrepentimiento?
Quizás… haber creído que el ejemplo alcanzaba. Que bastaba con trabajar en silencio, sin exigir reconocimiento. Hubo veces en que debí haber gritado más fuerte, confrontado con más dureza. Pero preferí la coherencia al aplauso. ¿Me costó caro? Sí. ¿Lo cambiaría? No. Aunque admito que a veces la soledad también desgasta al más firme.


La amistad entre San Martín y Belgrano | Diario Norte

—¿Qué fue para usted su amistad con José de San Martín?
Una alianza sin necesidad de palabras. No fuimos amigos de sobremesa, pero compartimos una visión. Éramos distintos, sí, pero complementarios. Él entendía la estrategia de la espada; yo, la de las ideas. Nunca hubo celos ni disputas entre nosotros, como algunos intentan inventar. Solo respeto y la certeza de que trabajábamos por la misma libertad. Lo admiré en vida y lo seguiré haciendo en la eternidad.


Los amores de Belgrano”, por Felipe Pigna - El Historiador

—¿Algún gran amor en su vida?
Los hubo, pero uno solo me acompañó incluso en el silencio: María Josefa Ezcurra. No fueron tiempos sencillos para el amor cuando la Patria ardía en sus partos. Elegí no arrastrarla a mis derrotas, pero no hubo día en que no pensara en ella. El amor, como la patria, también exige sacrificios.


Las mujeres de Belgrano: amores, familia, romances clandestinos y heroínas  en la vida del general - Infobae

—¿Y sobre el rol de la mujer?

Se deben poner escuelas gratuitas para las niñas, donde aprendan a leer, a escribir, a coser, pero sobre todo, a amar el trabajo.
Muchos pensarán que esto fue dicho hace dos siglos. Pero lo reafirmo hoy. La ociosidad es perjudicial, tanto o más en las mujeres que en los hombres. La mujer argentina merece igualdad y oportunidades reales. Me indigna ver cómo aún se discuten derechos que deberían ser universales. Deseo ardorosamente el mejoramiento de los pueblos, y esto incluye la equidad entre los géneros.


—¿Qué opinión le merece la educación argentina actual?
La educación es aún el campo de batalla más importante. Hay islas de excelencia, pero también océanos de abandono. Mientras un solo niño en la Argentina no acceda a una educación integral y digna, no habrá justicia. Educar no es llenar cabezas, es formar ciudadanos con pensamiento crítico, con ética, con voluntad de transformar.


—¿Y la economía?
El país tiene los recursos, pero no el coraje. No se puede crecer sobre la base de la especulación y el endeudamiento eterno. Hay que volver a valorar el trabajo, fomentar la industria nacional, cuidar a quienes producen. El verdadero desarrollo está en la tierra que se cultiva, no en los números que se manipulan desde una oficina.


—¿Cree que el rol del funcionario público ha cambiado desde su tiempo?
Ha cambiado, sí. Para peor. Hoy muchos lo ven como una plataforma personal, no como una responsabilidad colectiva. Servir al pueblo exige ética, austeridad y una idea clara de justicia. El poder no debe embriagar, debe comprometer. Yo renuncié a mi sueldo por principios, no por gestos. ¿Cuántos podrían hacer hoy lo mismo sin cámaras delante?


—¿Y la prensa? ¿Qué función cumple hoy en la democracia?
Debe ser faro, no fuego. Debe esclarecer, no agitar. Defender la libertad de prensa es defender la democracia, pero ejercerla implica también una responsabilidad inmensa. El periodista no debe ser soldado de ninguna trinchera. Debe ser incómodo para todos los poderes, y fiel solo al pueblo. Sin una prensa libre y crítica, volvemos a la oscuridad.


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—Se lo ha citado como uno de los primeros en pensar una reforma agraria en Argentina. ¿Sigue creyendo que es necesaria?
Absolutamente. Las tierras deben producir justicia, no solo ganancias. Propuse repartir tierras ociosas a quienes quisieran trabajarlas, no por capricho, sino porque sabía que la dignidad nace del acceso a los recursos. Hoy, la concentración es aún mayor. Y con ella, la pobreza. Si seguimos privilegiando al que acumula sobre el que cultiva, jamás tendremos equilibrio social.


—¿Qué espera de los jóvenes argentinos?
Que se rebelen. Contra la ignorancia, la indiferencia, el cinismo. Que estudien, pero también que duden. Que trabajen, pero sin perder la ternura. Que no crean en los atajos ni en los héroes improvisados. Yo me equivoqué muchas veces, pero siempre tuve presente una sola cosa: que la Patria se construye, no se hereda.


—¿Y para terminar, conoce lo que es el fútbol?
Algo me han contado. Que se juega con pasión, que mueve multitudes, que a veces une y otras divide. Y aunque no lo viví, intuyo su poder. Si supiéramos jugar a la política como al fútbol —con estrategia, con equipo, con entrega— quizás esta nación estaría más cerca del gol que tanto anhela: el de la justicia social.


En el aniversario de su paso a la inmortalidad, Manuel Belgrano no es estatua ni efeméride. Es pensamiento vivo. Es pregunta incómoda. Es convicción sin dobleces. Es el espejo que todavía no nos animamos a mirar del todo.

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