Final con historia: Huracán y Platense, la revancha del fútbol donde lo viejo sirve
Dos clubes de barrio, con raíces profundas y sin marketing, en una final que desafía el modelo actual del fútbol negocio.
Este domingo se juega una final que pocos imaginaban, pero que muchos sienten como propia. Huracán y Platense, dos históricos del fútbol argentino, dos clubes con raíces profundas en sus barrios, llegan a una definición que, aunque se presenta como “de Liga”, responde más a un formato de Copa. Una paradoja más del fútbol argentino, siempre lleno de matices, siempre con el corazón latiendo más fuerte que la lógica.

En diálogo con Esteban Bekerman —periodista, docente de historia del fútbol y creador del espacio cultural Entre Tiempos—, repasamos no solo el presente de esta final sino el peso simbólico de ambos clubes en la memoria del fútbol criollo. Lo que surge de esa conversación es mucho más que un análisis deportivo: es una reivindicación. Una forma de decir, con pelota al pie y memoria activa, que lo viejo sirve.
Porque esta final no habla solo de fútbol. Habla de estilos. De clubes que no necesitan de figuras rutilantes para llegar lejos.
“Este formato medio engendro que tiene el campeonato, con sistema de eliminación directa, donde hace pensar que el “premio mayor” no necesariamente será para el más regular sino para aquel que mejor enfrenta los mano a mano, nos presenta una realidad en la que se percibe que terminan siendo campeones, de repente, quienes tengan planteles a los que se les trasmitió ese sentimiento profundo al club, esa pertenencia, esa sensación de “es mi casa” y no busquen solamente tener los mejores jugadores” analiza Bekerman.

Así aparece en escena, por un lado Platense, con una dupla técnica nacida del propio club, si bien la saga arrancó en 2011 en el Ascenso y con otros colores, ambos son “productos made in Saavedra”: Sergio Gómez llegó con 12 años, y cumplió el sueño de debutar en Primera en 2001. Orsi, por su parte, también se formó en el Calamar. Hizo Inferiores, vivió los vestuarios, sabe lo que implica el escudo. Ambos lograron transmitir esa mística barrial a sus jugadores, que entienden la camiseta como identidad.

Huracán, por su parte, emerge con un entrenador como Kudelka que propone juego asociado, ofensivo, como manda la historia del Globo. Son solidarios, con una táctica en la que todos corren y defienden. Algo que sorprende, pero es el acento del destacado juego que vienen profesando. Walter Mazzantti, Matko Mijevic, Agustín Urzi y Eric Ramírez, son los nombres del bloque ofensivo que mejor interpreta la frase universal de grandes estrategas: “la mejor defensa es un buen ataque”.
“Equipos que son más que sus nombres: son colectivos. Grupos que funcionan por encima de las individualidades” sostiene Bekerman.
Y ahí aparece el espejo de la sociedad. En tiempos donde el discurso dominante habla de mercados, de eficiencias empresariales, de soluciones individuales, Huracán y Platense aparecen como una bocanada de memoria. Dos clubes que, en medio del debate sobre las Sociedades Anónimas Deportivas, gritan con presencia en la cancha que otro modelo es posible. Uno en donde el barrio, el sentido de pertenencia y la historia todavía pesan.

Bekerman lo expresa con claridad: “Estas cuestiones demuestran que, mientras el país, digamos, es manejado como para demostrar que solamente sirve la empresa privada, el esfuerzo individual, aparecen estas cuestionas que ponen en evidencia la importancia de lo colectivo, lo tradicional, lo social, la solidaridad, y todo lo que hace a los valores históricos”
“Esto está demostrando claramente otra cosa, es decir, el fútbol vuelve a dejar en claro que la salida es siempre colectiva. Y quien mejor interprete su propia historia, no renuncia a ella, sino que la reivindica y hace de ello sus pilares más fuertes, entiende de donde viene, de que ésta formado, y lo convierte en virtud, tendrá mayores posibilidades de salir triunfante” sentencia.

Quizás no sea casual que esta final llegue justo ahora, cuando muchos y muchas vuelven a leer El Eternauta, cuando la ficción nos recuerda que en la Argentina nadie se salva solo. Platense y Huracán están ahí para recordarlo. Con sus hinchas, sus historias, sus derrotas dignas y sus pequeñas grandes épicas.
No sabemos quién ganará el domingo, pero sí sabemos que esta final ya dejó algo claro: hay equipos que representan más que tres puntos. Representan la memoria viva de un país que, a pesar de todo, todavía cree en lo colectivo.
Huracán y Platense: joyas históricas en Entre Tiempos
En Entre Tiempos (Salta 1108 – CABA). el espacio cultural dedicado a la historia del fútbol, los hinchas de Huracán y Platense podrán redescubrir momentos clave del pasado de sus clubes a través de documentos únicos.

Por el lado de Huracán, se pueden adquirir revistas partidarias originales de 1943, cuidadosamente digitalizadas y disponibles también en formato impreso. En ellas se encuentra un testimonio excepcional: el momento en que el Teniente Coronel Tomás Adolfo Ducó, entonces presidente del club, recibe en la sede social a las autoridades nacionales que otorgarían un subsidio estatal histórico. Este subsidio, sin precedentes en el fútbol argentino y no reembolsable, fue clave para la construcción del actual estadio de Parque Patricios, mucho más ambicioso de lo que originalmente se había proyectado. Ducó, figura clave del Grupo de Oficiales Unidos (GOU) y uno de los organizadores del golpe de Estado del 4 de junio de 1943, aprovechó su influencia política para asegurar los recursos que cambiarían la historia del club.

Por su parte, los hinchas de Platense podrán acceder a una colección de diarios italianos de 1951 que relatan una de las mayores gestas internacionales del fútbol argentino: la victoria de los nacidos en Saavedra por 3 a 2 frente al Milan, en el marco de una gira por Europa. El encuentro se disputó el 14 de febrero de ese año, cuando el conjunto rossonero arrastraba un invicto de un año y cinco meses sin derrotas como local, desde que la Juventus lo había vencido por última vez en octubre de 1949. La hazaña calamar, registrada por la prensa italiana de la época, representa uno de los batacazos más recordados de la historia del club.
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