Actualidad Política

El Día que San Martín tuvo Miedo

En #JotaPosta rendimos homenaje al Padre de la Patria desde una perspectiva diferente: lejos de los bronces, los retratos idealizados y esos mitos que muchas veces intentaron convertir a nuestros héroes en personajes sin dudas, contradicciones ni temores. Porque lo verdaderamente extraordinario de José de San Martín no fue la existencia de un caballo blanco ni una vida sin miedo. Fue haber sido capaz de tomar decisiones trascendentales siendo un hombre de carne y hueso. Y este 17 de agosto queremos contar justamente una de esas historias: la vez que el General tuvo miedo.

Don José de San Martín

En 1829, después de varios años en Europa, San Martín decidió regresar al Río de la Plata. Había partido desde Londres con entusiasmo al conocer la caída de Bernardino Rivadavia y con la expectativa de encontrar en Buenos Aires a Manuel Dorrego, uno de sus antiguos camaradas de las campañas libertadoras. Pero durante el viaje recibió noticias que cambiaron completamente el escenario. Al llegar a Montevideo supo que Dorrego había sido derrocado y fusilado por orden de Juan Lavalle, en medio de una creciente guerra entre unitarios y federales. San Martín comprendió entonces que su regreso podía convertirlo en un actor político de enorme peso y, al mismo tiempo, poner su propia vida en peligro.

Unitarios & Federales

El 6 de febrero de 1829, el Libertador llegó a las costas rioplatenses a bordo del Countess of Chichester, utilizando el apellido materno, Matorras, para intentar pasar inadvertido. Pero su presencia no tardó en conocerse. La prensa porteña comenzó a atacarlo y algunos sectores lo acusaron de cobardía por no desembarcar. Sin embargo, detrás de aquella decisión había una preocupación concreta: San Martín sabía que su prestigio entre los sectores federales podía convertirlo en una figura capaz de alterar el equilibrio político de Buenos Aires.

San Martín y su hija Mercedes

Desde el entorno de Lavalle incluso le ofrecieron hacerse cargo del gobierno de la provincia. San Martín rechazó la propuesta. No estaba dispuesto a regresar para convertirse en jefe de una facción ni a encabezar un gobierno sostenido sobre una nueva guerra civil.

Buque “Countess of Chichester”

Su decisión puede leerse hoy de una manera muy diferente a la de los relatos escolares. San Martín sintió miedo, sí, pero ese miedo no necesariamente fue cobardía. Fue la percepción de un hombre que entendía perfectamente los riesgos de su regreso y que, después de haber dedicado buena parte de su vida a las guerras de independencia, no quería convertirse en protagonista de otra lucha fratricida. Finalmente, el 12 de abril volvió a embarcarse rumbo a Europa. Ya no regresaría definitivamente a su patria. Pasó por Montevideo, se instaló luego en París y terminó sus días en Boulogne-sur-Mer, donde murió el 17 de agosto de 1850, a los 72 años, acompañado por su hija Mercedes, su yerno y sus nietos

Portada del “Pampero”


La historia suele recordar a los héroes por sus victorias. Pero quizás haya algo todavía más humano en recordar también sus dudas, sus temores y las decisiones difíciles que debieron tomar. San Martín no fue grande porque nunca tuvo miedo; fue grande porque aun con miedo supo decidir.

Último daguerrotipo  del General

En este 17 de agosto, desde #JotaPosta, proponemos volver a mirar al Libertador sin quitarle su dimensión humana: porque detrás del bronce también hubo un hombre.

Habitacion en Boulogne-sur-Mer, última morada del Libertador de América

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