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Final de un viejo asunto: emociones, risas y nostalgia en el estreno porteño

El pasado 5 de Septiembre , en el corazón de Boedo, el Espacio Gadí se vistió de estreno. No quedó butaca vacía para recibir a Final de un viejo asunto, la obra dirigida por Santiago María Ojea y escrita por Héctor Castagnino. Desde el primer minuto, el aire estuvo cargado de expectativa, como si todos supieran que lo que estaba por suceder en escena sería distinto.

Y así fue. La sala entera se convirtió en un espacio compartido de emociones: hubo silencios que pesaban más que mil palabras, risas que corrían de fila en fila, aplausos espontáneos y hasta miradas que se cruzaban entre desconocidos, sorprendidos por la intensidad de lo que se vivía. El teatro alcanzó ese raro momento de comunión entre actores y público, ese clímax donde nadie respira fuera de tiempo.

La historia lleva al espectador a un pueblo chico, donde el fútbol no es un juego sino una forma de vida, una identidad que divide y al mismo tiempo une. En esa cancha de tierra, donde los goles se gritan como verdades eternas, también habitan secretos, pasiones prohibidas y un viejo asunto que, tarde o temprano, exige su final. La obra propone un viaje a la memoria colectiva de cualquier barrio: el potrero, las rivalidades, el amor callado, la nostalgia que se esconde en los silencios.

En escena, Castagnino, Robertucci, Curcio y Buscacci desplegaron un trabajo actoral que se sintió de carne y hueso. Cada gesto, cada palabra, estaba sostenida por una verdad que tocaba a los presentes de manera directa. Se notaba la entrega, pero también la complicidad: los intérpretes parecían jugar un partido real, donde el público era parte de la hinchada que alentaba, reía y sufría con ellos.

La palabra del elenco de “Final de un viejo aunto”

Hubo instantes de pura poesía escénica. Una línea que quedaba suspendida en el aire y provocaba un silencio absoluto. Un recuerdo narrado que traía a la mente de todos imágenes propias, como si la obra hablara también de la vida de cada espectador. Y, en el otro extremo, carcajadas repentinas que recordaban que, aun en medio del drama, siempre hay lugar para la risa compartida.

Al salir a la calle, Boedo parecía distinto. Quienes asistieron no solo habían visto teatro: habían participado de una experiencia que quedará grabada en la memoria. Un estreno con sala llena que dejó en claro que Final de un viejo asunto no es solo una obra: es un ritual de emociones, de recuerdos y de pasiones que atraviesan generaciones.

📍 Dónde y cuándo

  • Espacio Gadí – Av. San Juan 3852, Boedo, CABA
  • Funciones: Todos los viernes a las 21 hs

El debut dejó un eco difícil de olvidar: porque hay goles que se gritan y otros que se pagan caro, pero hay historias que solo el teatro puede contarnos con tanta fuerza. Y esta, sin dudas, es una de ellas.

El público reacciona a la obra “Final de un viejo asunto”

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