"Hashtags sí, bancas no": la gran soltada de manos del mileísmo a las Fuerzas del Cielo
JotaPosta en la calle | Por Redacción
La Libertad Avanza cerró sus listas para las legislativas bonaerenses y dejó un mensaje difícil de disimular: el show tuitero puede entretener, pero el verdadero poder se cocina en mesas chicas, lejos del teclado y los fueguitos. Mientras Karina Milei alimenta el relato épico con espadas y guiños celestiales, en la Provincia de Buenos Aires quienes decidieron el destino electoral son otros, bien terrenales, y con años de rosca encima.

La alianza entre el mileísmo y sectores del PRO logró cerrar listas propias en las ocho secciones electorales, en una jugada con control absoluto desde la cima del esquema libertario. La Primera Sección, la más populosa, será encabezada por Diego Valenzuela, actual intendente de Tres de Febrero, quien abandonó el PRO a principios de año para alinearse con el oficialismo nacional.
En la Segunda Sección el primer nombre es Natalia Blanco, concejal de Zárate y con vínculos directos al entorno de Cristian Ritondo. Para la Tercera Sección, el elegido fue Maximiliano Bondarenko, ex comisario bonaerense, hoy concejal en Florencio Varela, que representa un perfil más ligado al discurso de “mano dura”.

En el interior, el reparto quedó así: en la Cuarta Sección competirá Gonzalo Cabezas, funcionario del Ejecutivo nacional vinculado al equipo de Guillermo Francos; en la Quinta, se anotó en primer lugar Guillermo Montenegro, intendente de Mar del Plata; en la Sexta estará Oscar Liberman, hombre fuerte del espacio en Bahía Blanca; en la Séptima, Alejandro Speroni, funcionario del Ministerio de Economía; y en la Octava, Juan Osaba, con base política en La Plata y rol legal dentro del partido.

El armado se definió con extrema discreción en una oficina del centro platense, donde Karina Milei bajó personalmente para ultimar detalles. Allí se terminó de sellar una estrategia sin concesiones para el sector juvenil que alguna vez creyó que iba a ser parte del núcleo de poder. Nada de eso ocurrió.
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Los jóvenes que militan en redes y fueron sostenidos por el asesor presidencial Santiago Caputo —quien los pensó como semillero del nuevo liderazgo— quedaron fuera de los lugares de peso. Las candidaturas relevantes se las llevaron dirigentes con estructura, experiencia, y sobre todo, obediencia. Para el resto, apenas quedaron lugares simbólicos en las listas municipales.
Entre los grandes ausentes se encuentran nombres con presencia digital, como Agustín Romo, Agustín Laje o Daniel Parisini, que en algún momento se pensaron protagonistas. No figuran en ninguna de las boletas que el oficialismo presentará el domingo 7 de septiembre.

El operativo tiene una lógica conocida en la historia política argentina: mostrarlos cuando conviene, ocultarlos cuando estorban. Como le ocurrió a cierta juventud en los ‘70, los “elegidos” de las redes sirven para inflar el relato, pero no para sentarse en la mesa chica. El mileísmo repite la fórmula: la política real es para los de siempre.


