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Mientras niegan el pasado, la memoria encuentra al nieto 140

En una Argentina partida entre la memoria y el negacionismo, el nieto 140 recuperó su identidad. Pero su historia empezó mucho antes: en una sala mugrosa de un centro clandestino de detención, en una dictadura que hasta los partos quiso ocultar.

Graciela Romero tenía cinco meses de embarazo cuando fue secuestrada junto a su compañero, Raúl Metz, en Cutral-Co. Los llevaron a La Escuelita, el campo de concentración que funcionaba en Bahía Blanca. Allí, en abril de 1977, dio a luz a un varón. No hubo médicos, ni asistencia. Solo represión, violencia, y una maternidad negada. Pudo estar con su hijo apenas unos días.

Entre las sombras, un gesto humano: en un baño, otra secuestrada —Alicia Partnoy— alcanzó a escuchar que Graciela había tenido un varón. Más tarde, también oiría que uno de los interrogadores se lo había llevado. La dictadura no solo robaba bebés: intentaba robar la historia.

Graciela y Raúl siguen desaparecidos. Pero su hijo, que creció como hijo único, sin saber quién era, hoy sabe su verdad. Y tiene nombre: es el nieto 140.


El reencuentro fue posible por una investigación que tejió memorias, ciencia y militancia: Abuelas de Plaza de Mayo, la CONADI y el Banco Nacional de Datos Genéticos. Una muestra de ADN bastó para cerrar un silencio de 47 años.

“Gracias a las Abuelas por enseñarnos que la búsqueda es colectiva”, dijo Adriana Metz, su hermana, durante la conferencia en la ExEsma. Ella tenía apenas un año cuando las fuerzas irrumpieron en su casa. Fue entregada a vecinos, luego rescatada por sus abuelos. Desde entonces, buscó. Militó. Esperó.

Hoy, su hermano volvió a casa.


El nieto 140 no es un número. Es una historia. Es una prueba. Una evidencia concreta de que existió un plan sistemático de apropiación, que hubo partos clandestinos, bebés robados, y familias destrozadas por el genocidio. Y también es esperanza: faltan más de 300 nietos y nietas por encontrar. La urgencia sigue viva.

Quién es el nieto 140: la historia detrás de la nueva restitución | Su  hermana lo buscó "desde siempre" | Página|12

Porque aunque intenten vaciar las políticas de memoria, aunque el discurso oficial cuestione lo incuestionable, la verdad no prescribe. Y cada restitución es un acto de justicia que incomoda, emociona y reafirma algo básico: el derecho a saber quién sos.

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