Argentina en una copa: cómo vivir la experiencia del vino en Buenos Aires
Entre las múltiples maneras de descubrir Argentina, una destaca por su intensidad sensorial y cultural: el vino. Para quienes visitan el país por primera vez, cada copa puede ser una puerta de entrada a su geografía, su gente y su historia. Así lo explica la sommelier Marina Di Rocco, egresada de la Escuela Argentina de Vinos (EAV), quien nos invita a disfrutar de esta bebida nacional sin formalidades, pero con toda la pasión que merece.

“El vino argentino tiene una personalidad única, y cuando lo probás acá, en su lugar de origen, la experiencia se vuelve mucho más rica”, sostiene. No se trata solo del contenido de la copa, sino del contexto en el que se bebe: la calidez local, la sobremesa distendida, la charla compartida. Para Marina, recorrer vinotecas porteñas, sumarse a una cata guiada o simplemente probar una copa en un wine bar, es una forma hermosa de “conectar con la cultura argentina, de sentir el país a través de sus sabores e historias”.

Cuando se le pregunta por la cepa que ningún turista debería perderse, no duda: “Sin lugar a dudas, el Malbec”. No solo por ser nuestra variedad emblema, sino porque expresa la identidad del vino argentino: “Tiene fuerza, pero también suavidad; es expresivo, amable y muy versátil para acompañar nuestra gastronomía”.
Pero el universo vitivinícola local no se agota en una sola etiqueta. Di Rocco alienta a descubrir otras cepas como el Bonarda, el Cabernet Franc, el Torrontés o el Chardonnay, y a explorar vinos de diferentes regiones. Para quienes recién comienzan, recomienda estilos frescos, frutados y fáciles de entender, como los que ofrecen bodegas tradicionales como Luigi Bosca, El Esteco, Lagarde, Catena Zapata o Susana Balbo. “No hay vinos mejores o peores: depende del gusto personal. La clave es acercarse con curiosidad y dejarse sorprender”.
Buenos Aires, con su creciente escena enológica, es un gran punto de partida. “En los últimos años creció mucho la movida de wine bars, ferias, catas urbanas y vinotecas que abren sus puertas para que cualquiera pueda acercarse al vino de forma relajada y divertida”. Lugares como Vico, Naranjo, Pain et Vin o Aldo’s ofrecen cartas por copa y sommeliers dispuestos a guiar. También existen vinotecas como Solovino o Grand Cru donde se pueden hacer degustaciones y descubrir vinos de pequeñas bodegas.
Para los visitantes que se animan a explorar, sugiere un consejo simple: “No tengas miedo de preguntar. Hay mucha gente apasionada por el vino, dispuesta a recomendar según tus gustos y tu presupuesto. El mejor vino es el que te gusta a vos, en el momento justo”.
En una ciudad que respira arte, tango y gastronomía, el vino se suma como un ritual cotidiano, abierto y sin solemnidad. Brindar en Buenos Aires no es solo saborear un buen varietal: es una forma de conocer el alma del país, un sorbo a la vez.




