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San Martín, sin bronce: el hombre detrás del Libertador, sus pasiones, sus dudas y sus secretos

En un nuevo aniversario del fallecimiento del General José de San Martín, en #JotaPosta nos propusimos mirar al Padre de la Patria desde un lugar diferente. Sin el bronce, sin los lugares comunes y sin la imagen de un héroe despojado de toda humanidad. Para conocer ese otro San Martín dialogamos con Eduardo García Caffi, ex presidente del Instituto Nacional Sanmartiniano (2012-2024) y exsecretario de Cultura de la Ciudad y de la Provincia de Buenos Aires.

Durante la charla aparecen aspectos poco explorados de la vida del Libertador de América: su talento para la pintura y la música, su pasión por los libros, la relación con su hija Mercedes, el verdadero sentido de las Máximas, sus decisiones políticas, los ataques que recibió, la discusión sobre su presunta pertenencia a la masonería, su religiosidad y hasta el documento que permite conocer de primera mano una de sus últimas voluntades. Un recorrido por el hombre detrás del prócer.

El San Martín que pocos conocen

Uno de los primeros aspectos que destaca García Caffi es justamente el costado cotidiano del General San Martín. Lejos de la imagen exclusivamente militar, cuenta que desde joven fue un hombre estudioso, con particular facilidad para las matemáticas y que durante su estadía en Europa desarrolló una marcada sensibilidad artística.

“Desde chico fue muy estudioso, era muy bueno en matemáticas y, en Europa, adquiere sus primeras nociones en el dibujo y la pintura, donde sobresale notablemente”, explica. Incluso recuerda que San Martín llegó a comentarle a su amigo Tomás Guido que, si alguna vez dejaba de tener empleo en el Ejército, podría ganarse la vida realizando acuarelas y paisajes.

También tenía una relación cercana con la música. Tocaba la guitarra y existen referencias —aunque no todas completamente verificadas— sobre posibles lecciones de música y canto. Esa dimensión artística permite imaginar a un San Martín muy diferente del personaje rígido que tantas veces quedó congelado en los manuales escolares.

García Caffi recupera, además, una descripción realizada por Adolphe Gérard, amigo íntimo del Libertador y propietario de la casa de Boulogne-sur-Mer donde pasó sus últimos años. Lo describió como un hombre de elevada estatura, mirada viva y penetrante, modales amables y una conversación fácil y jovial. Una imagen que permite recuperar la humanidad de aquel hombre que la historia convirtió en estatua.

El regreso que terminó en exilio

Uno de los episodios más interesantes de la conversación es el regreso de San Martín al Río de la Plata en 1829. Después de haberse exiliado en Europa junto a su hija Mercedes en 1824, decidió volver al país a bordo del Countess of Chichester.

Pero el escenario que encontró era completamente diferente al que había dejado. Juan Manuel de Rosas había adquirido un enorme peso político y el enfrentamiento entre unitarios y federales atravesaba al país. Además, el fusilamiento de Manuel Dorrego, ordenado por Juan Lavalle, había profundizado la guerra civil.

San Martín comprendió entonces que su regreso podía colocarlo en el centro de una disputa política que nada tenía que ver con la causa por la que había combatido durante años. Incluso recibió una propuesta para hacerse cargo del gobierno de Buenos Aires.

“Cuando entiende que lo invitan a ser gobernador, decide no hacerlo, porque ya no se trataría de ejercer una defensa de la patria, sino que su cargo implicaba ser parte de una facción política”, explica García Caffi.

El Libertador finalmente decidió no desembarcar y regresó a Europa. Pasó por Montevideo, luego se instaló en París y finalmente se radicó en Boulogne-sur-Mer, donde murió el 17 de agosto de 1850, a los 72 años, acompañado por su hija, su yerno y sus nietos.

San Martín y su amor por los libros

La imagen del militar también queda incompleta si se desconoce su vínculo con la cultura. García Caffi cuenta que cuando San Martín regresó desde Europa llevó consigo alrededor de 200 libros, que habían contribuido a formar sus ideas.

Su compromiso con la educación llegó incluso a la organización de bibliotecas. Donó cientos de volúmenes al Perú y destinó recursos para impulsar la creación de una biblioteca en Santiago de Chile.

“Decidió destinar los 10.000 pesos que el Cabildo de Santiago de Chile le había entregado por la victoria de Chacabuco para la creación de una biblioteca en esa ciudad”, relata el presidente del Instituto Sanmartiniano.

Su pensamiento sobre la educación quedó resumido en una de sus frases más recordadas: “La biblioteca, destinada a la ilustración universal, es más poderosa que nuestros ejércitos para sostener la independencia”.

Las Máximas de San Martín: un legado para Mercedes

En 1825, San Martín escribió las conocidas Máximas para Merceditas, una serie de consejos que suelen presentarse como un legado moral destinado a su hija.

Pero García Caffi propone otra lectura: las Máximas también pueden entenderse como una especie de código de valores que el propio San Martín había intentado aplicar durante su vida.

“No son otra cosa que un decálogo de valores, basados en su propia vida, los que él mismo siguió y ahora entendía que debía seguir su Mercedita”, explica.

El historiador destaca especialmente la relación entre esas enseñanzas y la manera en que San Martín entendía la guerra. Después de haber participado en numerosos escenarios militares, no concebía al soldado como una pieza descartable. Su preocupación por preservar vidas formaba parte de una concepción profundamente humanista.

Esos mismos principios, sostiene García Caffi, fueron los que luego transmitió a su hija y a sus nietas.

La guerra que también se libró con panfletos

La conversación también se mete en uno de los capítulos menos conocidos de la historia sanmartiniana: la disputa con los hermanos Carrera.

Juan José, Luis y José Miguel Carrera mantuvieron fuertes diferencias con Bernardo O’Higgins y con San Martín durante el proceso independentista chileno. Sus enfrentamientos derivaron en conspiraciones, persecuciones, arrestos y finalmente en la ejecución de Juan José y Luis Carrera.

Pero la disputa no terminó allí. José Miguel Carrera, instalado posteriormente en Montevideo, consiguió una imprenta y comenzó a publicar panfletos contra San Martín, difundiendo acusaciones y cuestionamientos políticos.

Aquella verdadera “guerra de panfletos” muestra otra faceta de la lucha por el poder durante los años posteriores a la independencia. El Libertador no solamente debió enfrentar ejércitos en los campos de batalla: también tuvo que lidiar con operaciones políticas, acusaciones y disputas por el relato de la época.

La Patria Grande que todavía queda pendiente

Uno de los conceptos que atraviesan la entrevista es el de Patria Grande. La idea de una América del Sur integrada no era ajena a San Martín y formaba parte de una concepción política compartida, con diferentes matices, por figuras como Manuel Belgrano y Martín Miguel de Güemes.

Para García Caffi, aquella visión sigue teniendo actualidad.

“Es difícil que una Nación pueda desarrollarse dentro de un continente inestable”, sostiene, y destaca que América Latina posee una ventaja fundamental: un idioma común y una historia compartida.

En su mirada, la integración latinoamericana continúa siendo una tarea pendiente. San Martín entendía que la independencia política debía complementarse con condiciones que permitieran a los pueblos desarrollarse y sostenerse colectivamente.

¿San Martín fue masón?

La pertenencia de José de San Martín a la masonería es uno de los grandes debates que todavía atraviesan su biografía. García Caffi se muestra prudente y advierte que no existen pruebas documentales concluyentes que permitan afirmarlo de manera definitiva.

“Muchos dan por sentado que San Martín era masón, pero la realidad es que no hay pruebas concretas de que lo fuera”, señala.

En contraposición, destaca distintos elementos que evidencian su vínculo con la fe católica, desde las disposiciones religiosas establecidas para el Regimiento de Granaderos hasta la proclamación de la Virgen del Carmen como patrona del Ejército de los Andes antes del cruce cordillerano.

Para el presidente del Instituto Sanmartiniano, la clave está en no convertir una hipótesis histórica en una certeza cuando la documentación disponible no alcanza para demostrarla.

El testamento que permite escuchar al propio San Martín

Entre los documentos que conserva el Instituto Nacional Sanmartiniano hay uno que García Caffi considera particularmente significativo: el testamento ológrafo de San Martín, fechado en París el 23 de enero de 1844.

Allí el Libertador establece como única heredera a su hija Mercedes de San Martín, casada con Mariano Balcarce. Pero hay un punto especialmente relevante: dispone que su célebre sable corvo, utilizado en las campañas de Chacabuco y Maipú, sea entregado a Juan Manuel de Rosas.

La decisión no fue casual. San Martín dejó asentado que quería entregarle su sable como reconocimiento por la firmeza con la que Rosas había defendido el honor de la República frente a las pretensiones extranjeras.

“Verlo con su firma y todo es maravilloso”, resume García Caffi.

El documento también revela otra particularidad: San Martín menciona entre sus títulos el de Generalísimo del Ejército del Perú, una distinción que consideraba parte central de su trayectoria.

El uniforme que sobrevivió al paso del tiempo

Aunque las representaciones de San Martín lo muestran con diferentes uniformes militares, muy pocas de esas prendas originales sobrevivieron.

García Caffi explica que existe una excepción especialmente importante: el uniforme de Protector del Perú, conservado actualmente en el Museo Histórico Nacional.

Se trata de un frac de gala que incorpora los colores de la bandera peruana, diseñada por el propio San Martín. El uniforme fue utilizado incluso durante un encuentro con Luis Felipe de Orleans, rey de los franceses, quien recibió al Libertador en el Palacio de las Tullerías.

Una pieza que no sólo permite observar cómo vestía San Martín, sino también recuperar la dimensión política y simbólica que tuvo durante su etapa como Protector del Perú.

¿Puede existir otro San Martín?

Hacia el final de la entrevista aparece una pregunta inevitable: ¿puede surgir hoy un nuevo San Martín?

García Caffi advierte que las figuras históricas deben ser comprendidas dentro de su contexto y que resulta difícil trasladar literalmente sus características a otra época. Sin embargo, rescata algo que considera esencial: su convicción de estar al servicio de una causa superior.

San Martín llegó a definirse como “un instrumento accidental de la Justicia y un agente del Destino” y sostuvo también que “mi causa es la causa del género humano”.

Para García Caffi, allí reside una de las claves de su grandeza: la existencia de una misión que trascendía su propia persona.

También recuerda que el camino del Libertador estuvo lejos de ser sencillo. Tuvo adversarios políticos, enfrentó resistencias, fue apartado de Buenos Aires y hasta encontró dificultades para regresar a despedirse de su esposa Remedios de Escalada cuando se encontraba gravemente enferma.

Por eso, quizás la grandeza de San Martín no esté solamente en sus victorias militares, sino en haber comprendido el tiempo histórico que le tocó vivir y haber actuado en consecuencia.

No fue un hombre perfecto. Fue un hombre que decidió estar a la altura de una época extraordinaria. Y allí, acaso, se encuentre la verdadera dimensión del Libertador.

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