Lo que manejará Colapinto en CABA nadie lo esperaba: leyenda, ruido y misterio

El anuncio del road show de Franco Colapinto en la Ciudad de Buenos Aires encendió la ilusión de miles de fanáticos, pero también abrió una incógnita entre quienes siguen cada detalle de la Fórmula 1: ¿qué máquina verá la gente acelerar en pleno corazón porteño? La respuesta tiene perfume a historia grande, sonido de motor puro y emoción argentina. No será un Alpine moderno, sino una joya que aún conserva el pulso de las grandes tardes del automovilismo: el Lotus E20 de 2012.

Las normas de la FIA impiden utilizar autos de la temporada actual o del año anterior en exhibiciones públicas, por eso el equipo francés eligió una pieza histórica guardada como reliquia en Enstone. Debajo de los colores actuales de Alpine, aparecerá una máquina nacida en otra era, cuando los monoplazas no susurraban: rugían.
De Schumacher a Alonso, de Lotus a Alpine
La historia de este auto también cuenta la historia de una estructura legendaria. La fábrica de Enstone cambió de nombre varias veces, aunque jamás perdió su esencia. Allí nació Toleman, luego brilló el Benetton campeón con Michael Schumacher, más tarde el Renault de Fernando Alonso, y entre 2012 y 2015 compitió bajo la bandera de Lotus.

Cuando Renault retomó el control y rebautizó la escudería como Alpine, heredó algo más que instalaciones y trofeos: heredó memoria. Por eso el Lotus E20 sigue siendo parte activa de eventos internacionales y exhibiciones especiales.
El auto que hizo volver a Räikkönen
El Lotus E20 no fue creado para vitrinas. Fue diseñado para ganar. La obra de James Allison, uno de los ingenieros más influyentes de la categoría, sirvió para que Kimi Räikkönen protagonizara uno de los regresos más recordados de la era moderna.

Con esa máquina ganó el Gran Premio de Abu Dhabi 2012, terminó tercero en el campeonato mundial y llevó a Lotus al cuarto puesto entre constructores. Un auto veloz, noble y competitivo. Un verdadero pura sangre de la Fórmula 1.
El verdadero espectáculo será el sonido
Mientras la tecnología híbrida actual deslumbra por eficiencia, el E20 ofrece algo que el público extraña: emoción acústica. Lleva un motor Renault V8 de 2.4 litros, asociado a una caja de siete marchas de titanio. Traducido al idioma de la calle: cada aceleración será un trueno.
En tiempos donde muchos autos modernos parecen correr en silencio, este V8 atmosférico promete hacer vibrar el asfalto de la Avenida del Libertador. No será solamente mirar a Franco Colapinto. Será escuchar una época entera regresar por unos segundos.

A las 14:30, el momento más simbólico: Colapinto y la Flecha de Plata
La jornada tendrá además un hito de alto impacto histórico a las 14:30. En ese instante, el piloto oriundo de Pilar tomará el mando de la legendaria Flecha de Plata, el Mercedes asociado para siempre a Juan Manuel Fangio. Un gesto cargado de simbolismo: el presente del automovilismo argentino encontrándose con su herencia más gloriosa.

El modelo original, el Mercedes W196, fue la máquina con la que Fangio conquistó los títulos mundiales de 1954 y 1955. Aquel auto marcó una era por su diseño aerodinámico y por soluciones técnicas adelantadas a su tiempo, pensadas para ganar velocidad y eficiencia cuando la categoría todavía escribía sus primeras páginas doradas.
Una réplica valuada en más de 50 millones de euros
La unidad que conducirá Colapinto no será el original, sino una reconstrucción artesanal valuada en más de 50 millones de euros. Su desarrollo demandó entre cuatro y cinco años de trabajo minucioso.
Según explicó su propietario, Carlos Diforti, se incorporó un motor Mercedes moderno, mientras se conservó fielmente la estética y la mecánica visual del modelo histórico.
“El original tenía materiales como titanio y magnesio que hoy casi no existen. Por eso usamos un motor Mercedes más moderno, pero el resto es prácticamente igual”.
La réplica se exhibe habitualmente en el Museo Fangio de Balcarce y forma parte de una colección privada preparada para muestras y giras especiales.

Buenos Aires será testigo
El 26 de abril no habrá solo una exhibición. Habrá un diálogo entre tiempos distintos: Franco Colapinto, joven promesa argentina, acelerando un Lotus de Fórmula 1 y luego tomando la Flecha de Plata que inmortalizó a Fangio.
Porque algunos autos se miran. Otros se escuchan. Y unos pocos, como estos, se sienten en la memoria colectiva.




