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Ergonomía: cuando trabajar bien también es cuidar el cuerpo
En un mundo laboral cada vez más demandante, donde las jornadas frente a una pantalla parecen no tener fin, la ergonomía dejó de ser un lujo para convertirse en una necesidad. El teletrabajo, la modalidad híbrida y el regreso a la oficina han multiplicado las horas sentadas, muchas veces en espacios poco pensados para la salud física.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más del 60% de las personas que trabajan en oficinas padecen molestias físicas relacionadas con su entorno de trabajo: dolores de cuello, tensión en hombros y muñecas, fatiga muscular y problemas posturales son parte de un cuadro que, en Argentina, se ve acentuado por jornadas de 8 a 10 horas, muchas veces en escritorios improvisados o sillas sin soporte adecuado.
La investigación científica respalda esta preocupación. Publicaciones en Journal of Clinical Medicine y Publimed muestran que el uso prolongado de dispositivos mal adaptados al cuerpo está directamente vinculado a trastornos musculoesqueléticos. Pequeñas variaciones en la inclinación del cuello o la muñeca, mantenidas durante meses, pueden producir daños acumulativos. Y aunque las pausas y los estiramientos ayudan, la elección de herramientas y mobiliario adecuados resulta determinante.
En este terreno, algunas compañías han comenzado a investigar seriamente cómo el diseño puede reducir el impacto físico del trabajo de oficina. Logitech, reconocida a nivel mundial por su desarrollo de tecnología, lleva adelante en Suiza su Ergo Lab, un centro donde se estudia con sensores, cámaras y mediciones musculares cómo interactúa el cuerpo con teclados, mouses y otros periféricos. Los resultados confirman que ajustes mínimos en ángulos o posiciones pueden disminuir la tensión en muñecas, brazos y cuello, ayudando a prevenir dolencias como el síndrome del túnel carpiano o la tendinitis.
De estos estudios han surgido propuestas como mouses verticales, teclados con curvaturas específicas o dispositivos con trackball para minimizar el movimiento del brazo. No se trata solo de comodidad: el objetivo es repensar la relación con la tecnología para que la salud física no quede relegada a un segundo plano.
La lección es clara: transformar el espacio de trabajo —en casa o en la oficina— ya no pasa únicamente por la eficiencia. Involucra también decisiones conscientes que prioricen el bienestar corporal. Porque si el trabajo ocupa gran parte de nuestras horas, es lógico que las herramientas que usamos todos los días estén pensadas para cuidarnos. Después de todo, trabajar mejor también es sentirse mejor.



