El país en la calle: jubilados, feministas, científicos y médicos se plantan frente al Congreso
Una consigna sencilla, pero cargada de urgencia, vuelve a recorrer el asfalto porteño: “Unir las luchas es la tarea”. Este miércoles por la tarde, el cruce de Entre Ríos y Rivadavia, a la sombra del Congreso, será escenario de un nuevo grito colectivo. Jubilados, trabajadores del Hospital Garrahan, científicos del CONICET y movimientos feministas se darán cita para levantar la voz, cada cual con su reclamo, pero todos con el mismo fuego.

Desde el Garrahan, la bronca toma cuerpo en forma de paro. Este martes, en asamblea, los trabajadores resolvieron medidas de fuerza por mejoras salariales que no excluyan a nadie: ni a médicos, ni a enfermeros, ni a administrativos. “No alcanza con promesas para residentes”, dicen. El plan de lucha arranca este miércoles a las 21:00, con un cese que se extenderá hasta el viernes a primera hora. Y si no hay respuesta, habrá más: paro de 24 horas este jueves 6, y de 48 horas el 10 y 11 de junio.
Pero el reclamo no se queda en la puerta del hospital. Este miércoles, en unidad con otros sectores, se movilizan hacia el Congreso con un pedido claro: una Ley de Financiamiento y Blindaje Presupuestario para el Garrahan. Porque la salud no se negocia.

Mientras tanto, el colectivo Ni Una Menos vuelve a latir con fuerza. Pasaron diez años desde aquella primera multitud que rompió el silencio en 2015. Hoy, aunque el contexto haya cambiado, el grito persiste. “El feminismo sigue en la calle”, dijeron. Y este 4 de junio se plantan frente al Congreso con una demanda amplia: emergencia en discapacidad, salud, educación, cultura y ciencia. Marchan junto a jubilades, trabajadoras de casas particulares, migrantes, niñeces. Porque en este tiempo de recortes, precariedades y silencios oficiales, solo el abrazo entre luchas parece abrir algún horizonte.

En paralelo, el Congreso también será epicentro de una sesión especial convocada por bloques opositores. Se propone un aumento del 7,2 % en las jubilaciones, elevar el bono de $70.000 a $105.000 y prorrogar la moratoria previsional, que cayó en marzo. La respuesta del oficialismo fue tajante. Martín Menem, presidente de Diputados y voz de La Libertad Avanza, acusó a los impulsores de la sesión de “populismo disfrazado de buenas intenciones”. Denunció un “ataque al equilibrio fiscal” y calculó el impacto en más de 12 mil millones de dólares (el 1,8 % del PBI).

Así, el miércoles no será un día más. Será una jornada de tensión política y de cuerpos en la calle, de pancartas y micrófonos encendidos. Porque, aunque el Gobierno se tape los oídos, hay algo que sigue latiendo en cada marcha: la certeza de que cuando las luchas se encuentran, el silencio se rompe.


