Actualidad

La mujer que revolucionó la prensa argentina en 1830 y casi nadie recuerda

Mucho antes de que existieran las redacciones digitales, las transmisiones en vivo o las redes sociales, una mujer decidió abrirse paso en un territorio reservado casi exclusivamente para los hombres. Corría 1830 cuando Petrona Rosende de Sierra fundó La Aljaba, el primer periódico realizado por una mujer en Sudamérica y destinado específicamente al público femenino. Con aquella publicación de apenas cuatro hojas, nacía una experiencia periodística pionera que, casi dos siglos después, sigue siendo considerada una de las primeras expresiones de lucha por la educación y los derechos de las mujeres en el Río de la Plata.

El primer número apareció el 12 de noviembre de 1830, durante el primer gobierno de Juan Manuel de Rosas. La publicación se sostenía mediante suscripciones, una necesidad económica para garantizar la impresión de cada ejemplar. Los lunes y jueves, sus lectoras encontraban en sus páginas reflexiones, argumentos y debates que desafiaban una realidad donde el acceso femenino al conocimiento estaba fuertemente limitado. En total se editaron 18 números antes de que la experiencia concluyera el 14 de enero de 1831.

El nombre elegido no era casual. La aljaba era el estuche donde las guerreras guardaban sus flechas. Y las palabras de Rosende tenían precisamente esa intención: atravesar prejuicios y abrir discusiones. En una de sus ediciones se preguntaba: “¿Hasta cuándo se verá el sexo femenino sumido en la obscuridad en que lo encerró el sistema opresivo de los que le negaban los conocimientos más sencillos?”. Para la época, semejante planteo representaba un gesto de enorme audacia intelectual.

Aunque Petrona Rosende no firmaba sus artículos ni figuraba formalmente como directora, la voz detrás de cada texto era inconfundible. Desde una perspectiva ilustrada y profundamente influenciada por la moral y la religión de su tiempo, defendía la necesidad de que las mujeres recibieran educación y pudieran acceder a espacios de formación equivalentes a los de los hombres. No proponía una transformación radical del orden social, pero sí cuestionaba con firmeza una desigualdad que consideraba injustificable.

Como muchas iniciativas de su época, La Aljaba también reflejaba las contradicciones de su tiempo. Sus páginas promovían la educación femenina, pero al mismo tiempo defendían ciertos ideales de domesticidad y rechazaban la participación política activa de las mujeres. Tras décadas marcadas por la Revolución de Mayo y las guerras de independencia, la publicación sostenía que las mujeres debían ejercer un rol civilizador dentro del hogar. Sin embargo, incluso con esos límites, el periódico significó una irrupción inédita en el debate público argentino.

La experiencia de Rosende abrió una puerta que durante años permaneció apenas entreabierta. Su periódico fue uno de los primeros espacios donde las mujeres pudieron verse representadas como sujetas de pensamiento y no simplemente como destinatarias pasivas de decisiones ajenas. En una sociedad que las mantenía lejos de los ámbitos de poder y de producción intelectual, cada edición funcionó como una declaración de principios.

La huella de aquella publicación no se perdió con el tiempo. En 2006, el Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires reeditó los 18 números originales, permitiendo recuperar un material fundamental para comprender los orígenes del periodismo femenino argentino. Y el legado continúa vivo también en iniciativas contemporáneas como la revista académica La Aljaba. Segunda Época, dedicada a los estudios de las mujeres y las perspectivas de género, que retoma simbólicamente aquella primera flecha lanzada por Rosende en el siglo XIX.

Casi doscientos años después, la historia de Petrona Rosende de Sierra sigue recordando que las transformaciones culturales suelen comenzar con gestos aparentemente pequeños. Un periódico de cuatro hojas, sostenido por suscripciones y escrito cuando las mujeres tenían escasas oportunidades de participación pública, terminó convirtiéndose en un capítulo indispensable de la historia del periodismo argentino. Porque antes de que muchas voces pudieran hacerse escuchar, hubo una mujer que decidió escribir. Y disparó la primera flecha.

Artículos Relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver al botón superior