Cuando suena la campana en el Barolo: teatro, memoria y los 17 segundos de Firpo

Por JotaPosta| Hay noches en Buenos Aires en las que el teatro empieza antes de que se levante el telón. O, mejor dicho, antes de que exista siquiera un escenario. Así comienza la experiencia de “17 segundos”, la obra que este 6 y 7 de marzo encontró un hogar tan improbable como perfecto: el piso 16 del mítico Palacio Barolo.

La cita es en el hall central del edificio. Bajo las cúpulas, los mármoles y las sombras largas que deja caer la arquitectura de otro tiempo, aparece Martín, integrante de la organización Amigos del Palacio Barolo. No es una simple bienvenida: es una especie de conjuro.
Cuenta la historia del edificio, habla de su simbología, de su origen, de los fantasmas elegantes que parecen habitar sus pasillos. El público escucha y, sin darse cuenta, empieza a dejar atrás el ritmo apurado de la avenida de Mayo. La sensación es la de una visita guiada íntima, casi secreta.
Después, los ascensores históricos.
El viaje hacia arriba es corto, pero simbólico. Cuando se abren las puertas en el piso 16, algo cambió: música funcional, luces tenues y una copa de espumante completan el ritual. El Barolo ya no parece un edificio. Parece un portal.

En uno de los rincones del espacio aparece el ring. Las luces azules dibujan una escena detenida en el tiempo: un boxeador de espaldas, inmóvil, esperando. No hay palabras. El público toma asiento mientras esa imagen parece salida de una fotografía de diario antiguo.
Hasta que suena la campana. Entonces la imagen cobra vida.
Así comienza “17 segundos”, la obra protagonizada por Emilio Firpo (sobrino nieto del legendario “toro salvaje de las Pampas), dirigida por Judit Gutiérrez y Marina Dousdebes, con producción ejecutiva de Juan Manuel Romero.
Durante 45 minutos, el ring del Polo Grounds de Nueva York y una sala velatoria se entrecruzan en una misma escena. Allí vuelve a latir una de las páginas más legendarias del boxeo: la pelea entre Jack Dempsey y Luis Ángel Firpo, aquel combate de 1923 que quedó grabado en la memoria del deporte mundial.
Pero la obra no busca reconstruir la épica deportiva. Busca algo más humano. Entre recuerdos, silencios y confesiones, la historia explora el reverso de la gloria: el precio del éxito, los vínculos que se rompen, la distancia entre el héroe público y el hombre privado. En escena, ese recorrido tiene además un matiz singular: el actor que encarna la historia lleva en su propio apellido una conexión directa con el legendario “Torito de las Pampas”, un puente familiar que vuelve la interpretación todavía más íntima.

Humor, emoción y memoria conviven en una puesta donde cada elemento —escenografía, luces y vestuario, a cargo de Nosotres Teatro Independiente— acompaña el pulso del relato.
Pero hay algo más. El Barolo no funciona aquí como un simple escenario. Es parte de la historia.
El edificio tuvo su propio lugar en la cobertura de aquella “Pelea del Siglo” de 1923, y ese eco del pasado atraviesa la obra como una corriente subterránea. Sin necesidad de subrayarlo ni explicarlo demasiado, el espectáculo deja que el espectador lo descubra solo.
Porque esa es, tal vez, la verdadera magia de la experiencia. En algún momento de la función, el tiempo empieza a confundirse. El portal por el que entramos se vuelve difuso. El ayer se mezcla con el presente. Lo que ocurrió hace más de un siglo parece respirarse otra vez.

Y entonces uno mira hacia la izquierda. Entre las ventanas del piso 16, la ciudad de Buenos Aires brilla en una vista imponente. La noche, el tránsito, las luces de la avenida de Mayo. El presente vuelve de golpe.
Pero por unos instantes —los mismos que dura una cuenta que cambia la historia— el pasado volvió a pelear en el Barolo.


Las funciones especiales de esta experiencia teatral se repetirían durante el mes de mayo en el mismo escenario del Barolo. Y si algo dejó claro esta primera serie de presentaciones es que no se trata solo de ver una obra: es entrar en una historia. Por eso, cuando vuelva a sonar la campana, valdrá la pena estar ahí.





Muchísimas gracias por la hermosa nota Jota! Disfrutamos mucho de cada función y nos gusta saber que quienes la comparten con nosotros también lo hacen!
Los esperamos el 17 y 18 de abril en las últimas funciones de esta temporada en el Barolo!