Planificar en Argentina: cuando lo impredecible es parte del negocio
En tiempos donde la economía argentina parece un tablero de ajedrez en movimiento constante, hablar de estabilidad suena casi a utopía. Pero para quienes trabajan en comercio exterior, no es un lujo: es una necesidad. En diálogo con JotaPosta, Maximiliano Benítez, gerente regional de Administración y Finanzas en Interborders, aporta una mirada desde el corazón del negocio logístico. Sin eufemismos ni tecnicismos, explica por qué sin previsibilidad no hay comercio posible, cómo impacta la volatilidad en cada decisión operativa, y qué desafíos aparecen incluso cuando el panorama se ordena. Una charla en la que los números se cruzan con la política, y donde el verdadero diferencial no está en las tarifas, sino en el valor agregado que se ofrece al cliente.

Desde su oficina regional, Benítez, analiza con precisión quirúrgica el impacto de la economía en el comercio exterior. Su mirada está entrenada en escenarios diversos, porque la empresa opera en toda América. Pero si hay algo que, según él, marca la diferencia entre una gestión viable y una de supervivencia, es la estabilidad económica.
“La previsibilidad es la gran herramienta invisible que necesitamos”, asegura. No se trata solo de grandes decisiones macro, sino de poder cerrar un acuerdo comercial sabiendo que en 60 días las condiciones no habrán cambiado por completo. Eso, dice, permite construir confianza con clientes y proveedores. Y agrega: “En contextos volátiles, la planificación es una ilusión”.

Benítez señala que el tipo de cambio estable, por ejemplo, es una variable decisiva: permite ordenar matrices de costos, proyectar cobros, pagos, y tomar decisiones que, en entornos inciertos, se postergan o directamente se descartan. “Una economía estable mejora la reputación país, reduce el riesgo para los inversores y habilita servicios logísticos más eficientes. La reciente flexibilización del MULC fue una buena señal, pero falta mucho para consolidar reglas de juego claras y sostenidas”.
Eso sí, también advierte que la estabilidad económica eleva la vara. “Con reglas más ordenadas, aumenta la competencia internacional, bajan los márgenes por presión de precios y nos exige más eficiencia operativa. En ese contexto, no alcanza con ser barato: hay que ser distinto”.
En el caso de Interborders, esa diferenciación pasa por lo que llama “visión integral”. No se trata solo de cumplir con las tarifas o los tiempos. “El área administrativa no es la última rueda del carro —sostiene—. Nuestro equipo sabe qué carga se mueve, entiende el negocio y acompaña al cliente si hay un imprevisto. Eso también es valor agregado. Y eso también es confianza”.
Argentina, según Benítez, arrastra el estigma de ser un mal pagador. “Romper esa imagen requiere profesionalismo y cumplimiento sostenido. Pero para cumplir, el entorno tiene que acompañar. Sin estabilidad, el mejor plan queda en pausa”.
Antes de despedirse, deja una frase que resume su diagnóstico y advierte sobre el contexto:
“La logística no funciona en un terreno movedizo. Cuando hay estabilidad, florecen las oportunidades. Pero también se eleva la exigencia. Como siempre, el desafío es saber aprovechar el momento”.



