{"id":2913,"date":"2019-01-26T07:32:00","date_gmt":"2019-01-26T10:32:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.jotaposta.com.ar\/?p=2913"},"modified":"2019-01-26T07:32:00","modified_gmt":"2019-01-26T10:32:00","slug":"sobre-heroes-y-tumbas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/jotaposta.com.ar\/jposta\/2019\/01\/26\/sobre-heroes-y-tumbas\/","title":{"rendered":"Sobre H\u00e9roes y Tumbas&#8230;"},"content":{"rendered":"<p>(&#8230;) Una vez m\u00e1s, y no ser\u00eda la \u00faltima, me sent\u00eda un poco extra\u00f1o en el mundo, como si hubiese despertado de pronto y desconociese sus leyes y su sentido. Caminaba al azar por las calles de Buenos Aires, miraba a sus gentes, me sentaba en un banco de la plaza Constituci\u00f3n y pensaba. Luego volv\u00eda a mi piecita y me sent\u00eda m\u00e1s solo que nunca. Y \u00fanicamente sumergi\u00e9ndome en los libros parec\u00eda encontrar de nuevo la realidad, como si aquella existencia de las calles fuera, en cambio, una suerte de gran sue\u00f1o de gente hipnotizada. Faltaban muchos a\u00f1os para que comprendiera que en aquellas calles, en aquellas plazas y hasta en aquellos negocios y oficinas de Buenos Aires hab\u00eda miles de personas que pensaban o sent\u00edan m\u00e1s o menos lo que yo sent\u00eda en ese momento: gente angustiada y solitaria, gente que pensaba sobre el sentido y el sinsentido de la vida, gente que ten\u00eda la sensaci\u00f3n de ver un mundo dormido a su alrededor, un mundo de personas hipnotizadas o convertidas en aut\u00f3matas.<\/p>\n<p>Y en aquel reducto solitario me pon\u00eda a escribir cuentos. Ahora advierto que escrib\u00eda cada vez que era infeliz, que me sent\u00eda solo o desajustado con el mundo en que me hab\u00eda tocado nacer. Y pienso si no ser\u00e1 siempre as\u00ed, que el arte de nuestro tiempo, ese arte tenso y desgarrado, nazca invariablemente de nuestro desajuste, de nuestra ansiedad y nuestro descontento. Una especie de intento de reconciliaci\u00f3n con el universo de esa raza de fr\u00e1giles, inquietas y anhelantes criaturas que son los seres humanos. Puesto que los animales no lo necesitan: les basta vivir. Porque su existencia se desliza armoniosamente con las necesidades at\u00e1vicas. Y al p\u00e1jaro le basta con algunas semillitas o gusanos, un \u00e1rbol donde construir su nido, grandes espacios para volar; y su vida transcurre desde su nacimiento hasta su muerte en un venturoso ritmo que no es desgarrado jam\u00e1s ni por la desesperaci\u00f3n metaf\u00edsica ni por la locura. Mientras que el hombre, al levantarse sobre las dos patas traseras y al convertir en un hacha la primera piedra filosa, instituy\u00f3 las bases de su grandeza pero tambi\u00e9n los or\u00edgenes de su angustia; porque con sus manos y con los instrumentos hechos con sus manos iba a erigir esa construcci\u00f3n tan potente y extra\u00f1a que se llama cultura e iba a iniciar as\u00ed su gran desgarramiento, ya que habr\u00e1 dejado de ser un simple animal pero no habr\u00e1 llegado a ser el dios que su esp\u00edritu le sugiera. Ser\u00e1 ese ser dual y desgraciado que se mueve y vive entre la tierra de los animales y el cielo de sus dioses, que habr\u00e1 perdido el para\u00edso terrenal de su inocencia y no habr\u00e1 ganado el para\u00edso celeste de su redenci\u00f3n. Ese ser dolorido y enfermo del esp\u00edritu que se preguntar\u00e1, por primera vez, sobre el porqu\u00e9 de su existencia. Y as\u00ed las manos, y luego aquella hacha, aquel fuego, y luego la ciencia y la t\u00e9cnica habr\u00e1n ido cavando cada d\u00eda m\u00e1s el abismo que lo separa de su raza originaria y de su felicidad zool\u00f3gica. Y la ciudad ser\u00e1 finalmente la \u00faltima etapa de su loca carrera, la expresi\u00f3n m\u00e1xima de su orgullo y la m\u00e1xima forma de su alienaci\u00f3n. Y entonces seres descontentos, un poco ciegos y un poco como enloquecidos, intentan recuperar a tientas aquella armon\u00eda perdida con el misterio y la sangre, pintando o escribiendo una realidad distinta a la que desdichadamente los rodea, una realidad a menudo de apariencia fant\u00e1stica y demencial, pero que, cosa curiosa, resulta ser finalmente m\u00e1s profunda y verdadera que la cotidiana. Y as\u00ed, so\u00f1ando un poco por todos, esos seres fr\u00e1giles logran levantarse sobre su desventura individual y se convierten en int\u00e9rpretes y hasta en salvadores (dolorosos) del destino colectivo. Pero mi desdicha ha sido siempre doble, porque mi debilidad, mi esp\u00edritu contemplativo, mi indecisi\u00f3n, mi abulia, me impidieron siempre alcanzar ese nuevo orden, ese nuevo cosmos que es la obra de arte; y he terminado siempre por caer desde los andamios de aquella anhelada construcci\u00f3n que me salvar\u00eda. Y al caer, maltrecho y doblemente entristecido, he acudido en busca de los simples seres humanos.<\/p>\n<p>[\u2026]<br \/>\n\u00bfPara qu\u00e9, Dios m\u00edo? \u00bfPara qu\u00e9?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>(Fragmento de &#8220;Sobre H\u00e9roes\u00a0y Tumbas&#8221; de Ernesto Sabato)<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(&#8230;) Una vez m\u00e1s, y no ser\u00eda la \u00faltima, me sent\u00eda un poco extra\u00f1o en el mundo, como si hubiese despertado de pronto y desconociese sus leyes y su sentido. Caminaba al azar por las calles de Buenos Aires, miraba a sus gentes, me sentaba en un banco de la plaza Constituci\u00f3n y pensaba. 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