El Tablero de los Hielos: ¿Es Groenlandia la Malvinas del Norte?

El mundo se ha vuelto una mesa de dinero donde el frío ya no se mide en grados, sino en barriles y minerales. Mientras el Atlántico Sur suspira el aroma salino de nuestras Islas Malvinas, allá en el techo del mundo, una mole de hielo llamada Groenlandia se convierte en el nuevo objeto de deseo de la Casa Blanca. La mirada de #JotaPosta nos obliga a preguntarnos: ¿Estamos ante un espejo deformado de nuestra propia historia o ante el nacimiento de un nuevo orden donde la soberanía tiene precio de remate?
Para entender este rompecabezas de hielo y fuego, debemos desmenuzar cómo los gigantes del poder operan sobre estos dos puntos estratégicos que parecen distantes, pero que sangran por la misma herida: la ambición geopolítica.
Espejos de Soberanía: El Valor de la “Puerta de Entrada”
A nivel estratégico, ambos territorios son piezas de un tablero donde las potencias proyectan su sombra hacia los polos. Así como las Malvinas son la llave de acceso a la Antártida y el centinela del paso bioceánico, Groenlandia es el guardián del Ártico. Con el deshielo, se abren nuevas rutas comerciales y el acceso a tierras raras que Washington no piensa dejar en manos de China o Rusia.

Sin embargo, la forma de abordar la conquista difiere. Mientras Argentina reclama por integridad territorial y herencia histórica frente a una ocupación colonial británica, EE. UU. (especialmente bajo la óptica de Donald Trump) plantea una compra. Es el realismo transaccional contra la memoria de los pueblos. Para Dinamarca, la oferta es un anacronismo colonial; para nosotros, la presencia inglesa en el sur es una cicatriz abierta.
La Mirada de los Gigantes: ¿Doble Vara o Realismo?
La ONU: El refugio de los papeles
Para las Naciones Unidas, los casos habitan oficinas distintas. Mientras que las Malvinas son reconocidas como un territorio sujeto a descolonización (Resolución 2065), Groenlandia es un territorio autónomo bajo la corona danesa. No obstante, el intento de “comprar” la isla choca con el principio de autodeterminación. En el Sur, la ONU pide diálogo; en el Norte, observa con estupor cómo la billetera intenta silenciar a la diplomacia.

La OTAN: El conflicto en la “familia”
Aquí la hipocresía se viste de gala. En Groenlandia, la OTAN guarda silencio porque tanto Dinamarca como EE. UU. son socios. El interés es militar: la Base Aérea de Thule es el ojo de la alianza en el norte. En Malvinas, la OTAN protege los intereses británicos, considerando al archipiélago un bastión del Atlántico Sur que no están dispuestos a ceder, ignorando el derecho legítimo de una nación soberana como la nuestra.

Europa: Entre el orgullo y la tibieza
La Unión Europea mira con horror la propuesta de Trump, sintiéndola como una agresión a su integridad. Pero esa misma Europa suele ser tibia ante el reclamo por Malvinas para no incomodar a Londres. Para Bruselas, Groenlandia es soberanía europea; Malvinas, lamentablemente, es una “cuestión lejana” de ultramar.

El Veredicto de la Realidad
¿Hay punto de comparación? Absolutamente. En ambos casos, la población local es utilizada como un peón: el Reino Unido usa el deseo de los isleños para bloquear el diálogo, mientras EE. UU. intenta seducir a los groenlandeses con inversiones para “comprar” su voluntad independentista.
Soberanía no es solo una cuestión de mapas antiguos; es el control de los recursos del mañana. Mientras Argentina pelea con la fuerza del derecho, otros intentan imponer el derecho de la fuerza —o del mercado—. Porque al final del día, tanto en el frío del Ártico como en la turba malvinera, lo que se debate es quién escribirá la historia de los próximos cien años.

